Los
medios y la escuela, un encuentro posible
Roxana Morduchowicz
(Universidade de Buenos
Aires)
En
las últimas décadas, la escuela ha sostenido una relación nada sencilla
con la cultura popular. Entre el amor y el espanto, este vínculo se movió más
cerca de la desconfianza, la acusación y la condena, que de la integración y
el reconocimiento.
Dos
posiciones suelen
enmarcar esta relación de la escuela respecto de los medios: de condena y
calificación de “influencias negativas que amenazan la cultura” por un lado
o de idealización por el otro: “los medios como democratizadores de la
cultura y el saber”.
Ni
una , ni otra. Ni los medios son culpables, ni brindan todas las soluciones. Lo
que sí está claro es de que existen, forman parte de la cultura y de las
informaciones que reciben los chicos cotidianamente. Por lo tanto, una posición
equidistante debería ser la de aceptación crítica.
Por
qué los medios y la escuela? No hay pocos motivos:
a)
Los chicos y jóvenes cuentan con un caudal de información mucha
de la cual viene de los medios
b) Los
medios nos permiten acceder a realidades que de otra manera no podríamos
acceder. Modifican el concepto de tiempo y espacio,
trascienden
el espacio del aula.
c)
Los medios transmiten una imagen del mundo a partir de la cual
nosotros construimos la nuestra
d) Utilizar
los medios en la escuela permite que muchos chicos que no tienen acceso a
ellos fuera de la escuela, accedan a ello en el aula.
Los
medios de comunicación afectan e influyen sobre la manera en que los chicos
perciben la realidad, sobre su actitud ante el conocimiento y el modo en que
conciben el mundo.
Vivimos
en una sociedad en la que el conocimiento está cada vez más mediatizado.
Casi todo lo que conocemos proviene de los medios, que construyen una
imagen de la realidad a partir de la cual, cada uno de nosotros construye la
propia.
Reconocer
que habitamos una sociedad multicultural
no significa solamente aceptar las diferencias étnicas, raciales o de género.
Significa también aceptar que en nuestras sociedades conviven hoy la cultura
letrada, con la cultura oral y la audiovisual. Y las tres suponen modos de
ver, de pensar, de comprender, de sentir y de gozar.
Acercar
la cultura popular a la escuela y la escuela a la cultura popular no es un tema
menor. Acceder a la cultura desde la escuela permite que los alumnos
entiendan quiénes son, cómo se los define socialmente y cómo es y funciona la
sociedad en la que viven.
Pese
a ser un espacio lleno de contradicciones, la cultura popular es uno de los pocs
espacios que, en la percepción de los jóvenes, sientes que se habla de ellos y
a ellos. La cultura popular es, para muchos jóvenes el lugar desde el cual dan
sentido a su propia identidad. Y aprenden a hablar de sí mismos en relación
con los demás.
Por
eso es tan importante incorporar, desde la escuela, la cultura popular: conocer
los consumos culturales de los chicos y jóvenes es esencial. Porque estos
consumos (o no consumos) también configuran la identidad de los chicos y jóvenes.
Para saber dónde están y partir desde donde están y no, desde donde
queremos que estén.
Reivindicar
la existencia de la cultura popular, aquella que viene de los medios, no
significa desconocer el enorme valor de la cultura escrita. El libro sigue
siendo clave en tanto nos abre a la primera alfabetización, aquella que nos
posibilita el acceso a la cultura escrita, pero también a la audiovisual y a la
informática.
El
desafío para la escuela es enseñar a leer libros como punto de partida para
otra alfabetización.
El desafío es formar ciudadanos que no sólo sepan leer libros, sino también
noticieros de televisión, periódicos, videoclips, e hipertextos informáticos.
Se
trata, entonces, de formar a un ciudadano que pueda tener acceso a una
multiplicidad de escrituras y de discursos en los que se producen las
decisiones que lo afectan en los planos laboral, familiar, político y económico.
Un aprendizaje que necesita de diversos espacios,
actores y lenguajes.
En
el mundo de hoy es preciso reivindicar el acceso a un capital cultural (del cual
participan también las industrias culturales). La exclusión de la cultura
forma parte de la exclusión social en la medida que priva a quienes lo sufren
del acceso a un capital cultural complejo necesario para acceder a mejores
oportunidades educacionales y ocupacionales.
Desde
el Ministerio de Educación de la Nación estamos impulsando a través del Programa
Escuela y Medios, diversas propuestas tendientes a fortalecer este vínculo.
Los
programas están basados en tres ejes: la recepción crítica de mensajes, la
producción, y la visibilidad. La única amenaza para la infancia y la
juventud reside en la reducción de las esferas públicas en las que niños y jóvenes
puedan sentirse productores culturales, capaces de leer diferentes textos
y, ciertamente, de producirlos.